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martes, 15 de marzo de 2016

¡INCOHERENCIAS!

Con cierta nostalgia diré que no escucho radio, no veo televisión y tampoco leo diarios. Sé que suena descabellado que un futuro comunicador tenga una visión muy pobre de las cosas. Entonces viene aquí la interrogante, ¿Realmente los medios de comunicación informan lo que interesa a la población?, la pregunta como que quiere llevar al escepticismo o simplemente es estúpida.  

Los periodistas tienen que fingir que cada día pasa algo importante,  decía el escritor argentino Jorge Luis Borges. Más tarde se animaría a hacer un diccionario para los hombres de prensa. Pero es que da pena en el fondo el periodismo. Viven pensando que las noticias son: Muertes, violaciones, saqueos al país, farándula, mentiras de políticos, cortinas de humo o lo que usted quiera. Es eso lo esencial. O quizá usted verá a algún socio de la prensa concentrada moverse como pececito en el agua por sus intereses. No miento, me remito a las pruebas con el titular “El comercio y el monopolio  que se viene” La crónica hecha por Eloy Marchán, reportero del semanario “Hildebrandt en sus Trece” que daba cuenta de cómo el accionista de El Comercio estaba a punto de lograr el control absoluto de todo los terminales de almacenamiento de combustible del país. Dudo que sea el único caso en este país, que cada día se pudre.

Otro de los casos por la que no veo televisión es porque no quiero tener un lenguaje tan pulcro como de Javier Velásquez Quesquén, que fue presidente del congreso, y dijo “Teníanos” y “habíanos” es evidente que en materia de lenguaje nuestro país es maravilloso. Vivimos ignorando ese tema. Ojalá sea solo mi percepción, pero me doy cuenta que la radio y la televisión son armas poderosas para la estupidización. Hace poco leía una columna de un periodista muy reconocido y decía “Si uno conversa  hoy con un joven periodista dará cuenta que sus paradigmas son espantosos. Hasta Lúcar se le presenta como ejemplo”


A lo que quiero llegar con esta columna que arbitrariamente lo vamos a llamar de opinión, es que se confunde persuasión con manipulación. Son cosas muy distintas retóricamente hablando. Se ha perdido el respeto por los ciudadanos. El político mediocre y mentiroso, por ejemplo,  piensa que al pueblo le encanta tragar promesas como esta que fue dicha en Cocachacra “Vamos a luchar para que la voz de ustedes tenga aquí carácter vinculante ante cualquier decisión”. Raya con el patetismo esas miserias que emanan de sus labios los políticos. Una pena patriótica que algún día esperamos (tontamente ) termine. Amén.



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